Cuentas claras.- Por @JuanPGuanipa

La exigente dinámica de las campañas hacia las primarias del 10-S y las regionales del 15-O, así como todos los sucesos posteriores, me alejaron de estos espacios, razón por la cual ofrezco excusas a los lectores y asumo el compromiso de escribir con la regularidad con la que lo habíamos hecho hasta ahora.
Durante los meses de septiembre y octubre de este año, en un breve lapso de 45 días, obtuvimos tres importantes victorias políticas. La primera, el 10 de septiembre, cuando ganamos las elecciones primarias de la oposición. Nos enfrentamos exitosamente a la poderosa alianza de UNT y AD. No fue un triunfo fácil. Fue un logro labrado durante años de organización y construcción de liderazgo. La segunda, el 15 de octubre, día en el que logramos con votos ganar la gobernación del Zulia. Tampoco fue fácil. En unidad, le ganamos al PSUV, a un militar golpista que había vencido a tres gobernadores y a una gavilla integrada por ese partido, el gobierno, la fuerza armada y el CNE, entre otras instituciones que se empeñaron en violentar la voluntad del pueblo a través de diversos hechos de ventajismo grosero, abuso de poder y evidente fraude. La tercera, el 23 de octubre, momento en que anuncié al país mi decisión de no juramentarme ante la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Fue la victoria más difícil. Fue muy compleja la decisión que tomamos. Es de esas decisiones límite que siempre generan polémica y que requieren mayor argumentación.

Todos sabemos que nuestra Constitución, en su artículo 347, establece que sólo el pueblo puede convocar una ANC. Si el pueblo no convoca, no hay constituyente. Sabemos también que las bases comiciales para elegir sus integrantes tampoco fueron aprobadas por el pueblo. Fuimos testigos de la poca afluencia de gente que participó en esa “elección” del 30 de Julio, cuyo resultado fue desconocido por la empresa que prestaba servicios al CNE. Tenemos claro que el 16 de Julio, en consulta popular, más de 7 millones 600 mil venezolanos rechazamos la ANC, lo cual se convirtió en un mandato popular para la dirigencia opositora venezolana. De igual forma, sabemos que más de 50 países del mundo decidieron desconocer esa constituyente y se han convertido en aliados de nuestra lucha por la democracia. Por último, no hay duda de que esa ANC es una herramienta del gobierno para firmar el acta de defunción de nuestra democracia. ¿Cómo podíamos entonces juramentarnos y reconocer a ese parapeto y con ello fortalecer a Maduro y su intención dictatorial? No podíamos hacer eso. La Gobernación del Zulia es uno de los cargos más importantes de este país. La ganamos en buena lid. Pero ningún cargo puede estar por encima de los genuinos intereses de nuestra patria.

Quienes no han comprendido nuestra decisión y quienes han querido torcer argumentos para justificar la suya, plantean falsedades como que la elección regional fue convocada por la ANC, que todos sabíamos que debíamos juramentarnos ante ella o que mi decisión fue impuesta por mi partido. Todos esos supuestos son absolutamente falsos y explicables en otra oportunidad.

Lo que si me queda claro es que no puedo avalar una elección en la que se busca legitimar el despojo que se ha hecho al Zulia eligiendo a un nuevo gobernador. Seguiré luchando en la calle y en instancias judiciales y políticas, nacionales e internacionales, para que se respete la voluntad del pueblo zuliano. Tampoco avalo la participación de opositores en las elecciones municipales porque debilita la estrategia de boicot que la mayoría de los partidos democráticos asumió para, luego del desastre del 15-O, ejercer presión para lograr condiciones que nos permitan participar en las presidenciales. Y, pase lo que pase, mantendré el combate democrático para lograr que, lo más pronto posible, el pueblo venezolano pueda librarse de esta tragedia que ha significado Nicolás Maduro en la presidencia de la república.

Related posts