“Dirigirse a un gran público es una responsabilidad”

Durante 20 años Carolina Jaimes Branger ha escrito sin descanso una columna semanal para El Universal. A través de sus textos ha intentado, de alguna forma, “construir” su propia historia de Venezuela.

“Tener una plataforma para dirigirse a un público grande es una responsabilidad porque uno se convierte en un referente. Allí el compromiso es moral con los lectores”, explica.

A pesar de haber estudiado Ingeniería de Sistemas y haberse desarrollado como docente, encontró en la escritura una de sus grandes pasiones. Lo que comenzó como una réplica a una carta, se convertiría en invitaciones a colaborar semanalmente. Ha escrito los libros El anclaje del subdesarro-llo, Los 7 encuentros y Yo nací en esta ribera, y colabora para distintos medios de comunicación.

“Hay que decir las cosas que uno cree, porque es opinión, pero al mismo tiempo esas opiniones deben estar sustentadas y corroboradas con una honestidad intelectual que es la que mantiene la fidelidad de los lectores”, agrega.

-¿Qué temas han sido los más recurrentes?
-Temas políticos ante todo. Aunque siempre escribo sobre lo que veo, sobre lo que siento, sobre lo que sueño y pues me duele Venezuela.

-¿Qué lecciones conserva de sus veinte años como articulista?
-Primero, respetar las opiniones de otros; el mantenerse firme aunque seas la única que va a contracorriente. Otra lección es la responsabilidad de que hayan personas que sienten que en determinado momento eres su vocero. Pero, en definitiva, creo que estos 20 años han sido de grande satisfacciones, en especial, por la relación con el público, que ya no es una sola vía como antes. La gente ahora puede escribir, existe una retroalimentación.

-¿Qué ha cambiado entre el país del que comenzó a escribir y el país del que ahora habla?
-Ha sido un proceso muy doloroso, en el momento que empecé a escribir lo empecé a hacer porque tenía una preocupación por el país sobre todo en el ámbito educativo. La prioridad es la educación, si esto se resuelve, se resuelve todo. Cuando empecé a escribir alertando sobre los problemas por los que estaba pasando la educación y los educadores venezolanos, al verlos 20 años después, provoca ponerse a llorar. Un país cuya educación va en decadencia, como ha sucedido en Venezuela, y en el que en los institutos educativos que quedan, los estudiantes están contando las horas que les faltan para graduarse e irse de Venezuela, como país es una tragedia y para mí como venezolana que está documentando esa tragedia, pues lo es aún mayor.

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