Dos días escarbando la cartelera de Microteatro

En enero del año pasado, la afluencia al Microteatro se equiparaba al de Marina Grande un miércoles santo. El presidente Nicolás Maduro había anunciado un aumento de 50% del salario mínimo, que a partir del 1° de enero se fijó en  Bs. 40.638,15 y la entrada al “teatro de Œ” tenía un costo de Bs. 1.650,oo. Hoy el contexto es distinto; ya en noviembre el Fondo Monetario Internacional preveía que el índice de inflación sería de 2.349,3%. A esto hay que sumar el aumento de salario mínimo integral, que al día de hoy se ubica en Bs. 797.510, y  el alza de 3.636,3% en el precio de las entradas de Microtratro, valoradas actualmente en Bs. 60.000.

Microteatro se ha destacado desde sus primeras temporadas por ofrecer al espectador obras que, en su mayoría, poseen títulos insólitamente soeces como Sal del clóset pa’ que gocesLa puti k-raqueñaAl mal tiempo buena cama, Yo la monto hermanaBajo polvo y La p… de Iris Chacón, entre otros. Abunda el  stand-up y la comedia ligera como recurso para hacer mofa de la crisis económica… y para ahorrar personal, requerimientos técnicos y gastos. En cuanto a comedias, destaca la caracterización que hace Armando Álvarez sobre Dorángel “el comegente” Vargas en Cocinando con Dorángel. Un texto plagado de chistes gruesos, predecibles, cuya única gran fortaleza es la actuación del actor y percusionista de Gaêlica. Mercedes “Pachula” Benmoha lleva con éxito Sin filtro gracias al completo dominio que tiene de su gestual y el manejo de la audiencia. La dirección -a distancia, vía Skype- es de Robert Chacón.

El género musical es dignamente representado por O-1, comedia dirigida por Fernando Azpúrua y Taba Luis Ramírez con una selección deliciosa de éxitos de Broadway cantados en vivo por Julián Izquierdo y Stefany Frade, acompañados en escena por Armando González y Zuly Méndez. Contrasta con la crudeza de Pran pran pran, obra de Dairo Piñeres con 14 actores en escena que viven y mueren en un penal que se maneja a ritmo de disparos, salsa y merengues compuestos por Daniel Jiménez. El arte vivo también tiene su lugar en el escenario gracias a  Enay Ferrer y su diseño escenográfico para Open mind, una reflexión mordaz y necesaria sobre la realidad tóxica de las redes sociales, dirigida por Valentina Garrido. Son excepciones a la regla de esta muestra: eso sí: de lo bueno, poco.

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