Investigan a tres PNB por el asesinato de un reo

Las investigaciones efectuadas por funcionarios de la Policía científica, voltearon el panorama del caso de Nolberto Enrique Morales Antúnez, de 41 años, un reo asesinado en el calabozo número cuatro del Comando General de la Policía Nacional Bolivariana, en el municipio San Francisco. En horas de la mañana de ayer, los tres oficiales encargados de custodiar los calabozos los presentaron ante el Ministerio Público para su enjuiciamiento.

Los uniformados Víctor Raúl Arroyo García, de 28 años, oficial agregado; Joanner de Jesús Leal, de 26 años, y Luis enrique Rincón Basabe, de 29 años, oficiales, quedaron detenidos al darse por conocida la noticia del reo muerto. En un principio, debido al revuelo de la situación, se sospechaba que la trifulca se había originado de manera espontánea por los mismos reos de la celda, pero oficiales del cuerpo de investigaciones revelaron por las entrevistas efectuadas a los oficiales, que los señalados permitieron la salida de tres reos de la celda donde se encontraba la víctima.

Reconstrucción

Una riña registrada en el mediodía del pasado sábado en la celda cuatro del Comando General de la Policía Nacional Bolivariana, dejó como saldo la muerte de Morales Antúnez, detenido por robo e imputado por el Juzgado 5.° de Control del Zulia. El reo presentó seis heridas punzo penetrantes, producto de un arma blanca de fabricación artesanal dentro del calabozo.

Una fuente del cuerpo detectivesco, ligado a las investigaciones del caso, informó que la trifulca se suscitó luego de que tres custodios ingresaran al calabozo a Jhonny Urdaneta, de 21 años; Pedro Mavárez, de 27; y Dixon Urdaneta, de 21 años, donde ya coexistían 45 detenidos. Golpes iban, golpes venían; los gritos sonaron, y los reos se alborotaron. No se pudo saber qué había sucedido hasta que los uniformados de refuerzo llegaran.

Al sitio llegaron funcionarios de la Policía científica, quienes entraron al calabozo custodiado por oficiales del otro cuerpo policial. Levantaron el cadáver y se lo llevaron a la morgue forense de la Facultad de Medicina de la Universidad del Zulia, para practicarle la autopsia. Ninguno de los presos habló; el silencio sepulcral solo les condujo a recibir un castigo: una condena completa por no hablar lo que presenciaron.

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