La patrona del Zulia regresó a su nicho entre lágrimas, gaitas y aplausos

La madrugada se abrió fresca y radiante. Las calles rebozaron fervor, admiración y ese amor incondicional que el pueblo zuliano le profesa a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

Luego de la eucaristía, el retablo salió en brazos de los Servidores de María, para realizar el último recorrido del año. La Chinita se confundió con la feligresía, recibió el amor de los devotos, visitó sus hogares y fue una con el pueblo que la adora.

La música resonó en la madrugada, la gaita rasgó el silencio nocturnal y la Chinita danzó con su gente. Hubo lágrimas, oraciones dichas a todo pulmón, aplausos que brotaron del alma y el pueblo le dijo hasta luego a su santa patrona, luego de 36 día de rendirle honores por su aniversario.

Así, una vez más se hizo tangible la letra de la gaita aquella: Luego, nace el sol y en mi tierra, resplandece el templo sagrado y un eterno enamorado es el pueblo que a San Juan de Dios camina y en la alcoba diamantina de la virgen brilla un fuego azul dorado. Cuando nace el sol.

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