En un giro inesperado de la política energética, España ha incrementado sus importaciones de crudo de Venezuela en un 116% durante 2024, alcanzando un total de tres millones de toneladas, la cifra más alta en diez años. Este aumento ha beneficiado en gran medida a Repsol, la principal petrolera española, que ahora se enfrenta a una amenaza directa de la administración de Donald Trump.
Trump ha advertido sobre la posible anulación de licencias otorgadas durante la administración Biden a las empresas energéticas estadounidenses y europeas que operan en Venezuela, lo que podría costar a Repsol hasta 1.100 millones de euros. Esta amenaza se produce en un contexto de creciente tensión política y económica entre Estados Unidos y el régimen de Nicolás Maduro.
Repsol ha reconocido una exposición patrimonial a Venezuela de 504 millones de euros, un 95% más que el año anterior. Además, la compañía enfrenta una deuda histórica de 634 millones con Petróleos de Venezuela (PDVSA), que ha estado en un sistema de trueque en el que recibe crudo a cambio de gas que suministra al país.
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La petrolera ha estado aprovechando licencias otorgadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de EE.UU. para recuperar deudas y expandir sus operaciones en Venezuela. Sin embargo, la reciente declaración de Trump ha generado incertidumbre sobre el futuro de estas licencias, que son vitales para la recuperación de su inversión.
La situación ha llevado a Repsol a incluir a Venezuela en su lista de riesgos geopolíticos, y la empresa ha comenzado a provisionar parte de sus ingresos para mitigar el impacto de un posible colapso en sus operaciones en el país.
A medida que las tensiones continúan, el futuro de la relación entre Repsol y Venezuela pende de un hilo, dejando a la empresa en una posición vulnerable frente a las decisiones políticas en Washington.
Con información de EL MUNDO DE ESPAÑA

