El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha implementado medidas drásticas para combatir la inseguridad en el país al encarcelar a presuntos criminales en una prisión de máxima seguridad diseñada para terroristas. Esta estrategia ha llevado a una disminución significativa de la violencia, aunque muchas de las detenciones han sido cuestionadas por su alcance.
En una entrevista reciente, Bukele defendió sus severas políticas, afirmando: «Yo soy un hombre creyente. Creo que Dios puede perdonar a todos, pero eso le competirá a Dios; aquí en la Tierra deben estar en prisión, porque lastimosamente ya le dimos la oportunidad de que anduvieran en las calles y cortaron tres cabezas».
Desde la inauguración de la megacárcel, el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), hace casi dos años, el gobierno ha alojado a miles de miembros de pandillas, como el Tren de Aragua y la Mara Salvatrucha (MS-13). Esta instalación se encuentra en una zona rural aislada y abarca casi 5.200 kilómetros cuadrados, diseñada para contener a los criminales en un momento de escalada de violencia que llevó al país a un extenso estado de excepción.
La prisión está equipada con un edificio de confinamiento, áreas para perros guardianes e instalaciones para los guardias. Además, cuenta con una impresionante seguridad, que incluye 19 torres de vigilancia, varios anillos de seguridad y una cerca electrificada con 15.000 voltios, según un reportaje de CNN.
Mientras el gobierno continúa con sus políticas de mano dura, el debate sobre los derechos humanos y la efectividad de estas medidas sigue siendo un tema candente en la sociedad salvadoreña.
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