Cada 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra, una jornada dedicada a reflexionar sobre el impacto de las acciones en el medioambiente y a promover prácticas sostenibles para preservar los recursos naturales.
Esta fecha fue oficialmente proclamada por la ONU en 2009, aunque su origen se remonta a 1968, cuando el ambientalista Morton Hilbert, junto al Servicio de Salud Pública de Estados Unidos, organizó actividades educativas sobre ecología que captaron la atención de estudiantes y académicos.
¿Por qué se celebra hoy el Día de la Tierra?
El impulso definitivo llegó el 22 de abril de 1970, cuando una masiva protesta liderada por el senador y activista Gaylord Nelson logró movilizar a más de 20 millones de personas en Estados Unidos.
Esa histórica manifestación marcó el nacimiento del movimiento ambiental moderno y derivó en la creación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA). A partir de allí, la conciencia ambiental comenzó a tomar fuerza en la agenda global, con hitos como la primera Cumbre de la Tierra, celebrada en Estocolmo en 1972.
Hoy, más de cinco décadas después, el Día de la Tierra se vuelve más relevante que nunca. El planeta enfrenta desafíos urgentes, siendo el calentamiento global una de las principales amenazas. El año 2024 fue el más caluroso registrado hasta ahora, con una temperatura media 0,12 °C más alta que en 2023.
Otro foco de preocupación es la pérdida de biodiversidad. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), entre 1970 y 2016 las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios disminuyeron en promedio un 68 %.
A estos problemas se suma la contaminación plástica. En 2024, el mundo produjo más de 400 millones de toneladas de plástico, pero menos del 10 % de ese volumen fue reciclado. La gran mayoría termina en vertederos o en los océanos, amenazando la vida marina y contaminando cadenas alimenticias.
El desperdicio de alimentos también representa un problema grave. Solo en 2024, se han desechado mil millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo, cantidad suficiente para alimentar a más de 3.000 millones de personas.
Por último, la deforestación avanza a un ritmo alarmante: cada hora se pierden áreas boscosas equivalentes a 300 canchas de fútbol. De mantenerse esta tendencia, para el año 2030 podría subsistir apenas un 10 % de los bosques naturales actuales, lo que compromete la capacidad del planeta para absorber CO₂ y regular el clima.
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