Los migrantes venezolanos que retornan a Colombia tras fracasar en su intento de llegar a Estados Unidos enfrentan crecientes riesgos, advirtió la defensora del pueblo Iris Marín en declaraciones ofrecidas a la agencia EFE.
Marín alertó sobre el aumento de la “migración inversa”, conformada por personas que cruzaron el Tapón del Darién y ahora regresan al país en condiciones de extrema vulnerabilidad, muchas veces víctimas de violencia o trata.
Uno de los corredores más usados inicia en La Miel (Panamá) y termina en Capurganá (Chocó), desde donde los migrantes cruzan por mar hasta Necoclí (Antioquia) en busca de transporte hacia otras ciudades. Entre enero y mayo de 2025, Migración Colombia registró 10.246 ingresos por esta vía, es decir, más de 80 personas al día.
La situación se agrava por el cierre de la oficina del ACNUR en Apartadó, operativa desde 1998, que asistía a miles de migrantes y retornados. La medida, producto de recortes presupuestarios, deja sin protección a quienes transitan por el Urabá antioqueño.
Otras rutas, como las de Bahía Solano y Juradó, también evidencian una grave falta de presencia institucional.
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