Las tensiones entre Estados Unidos y el gobierno de Nicolás Maduro alcanzan un nuevo nivel, incluso superior al vivido durante la aparición de Juan Guaidó en 2019.
Washington duplicó recientemente la recompensa por información que lleve a la captura de Maduro, acusado de vínculos con el narcotráfico y el terrorismo. Poco después, anunció la movilización de ocho buques de guerra, submarinos, aviones y unos 4.000 marines en una operación antinarcóticos cerca de las costas venezolanas. “Maduro no es el presidente de Venezuela, es un fugitivo”, declaró la portavoz de la Casa Blanca, Caroline Leavitt.
En respuesta, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, aseguró que el país patrullará con drones y buques sus costas, incluyendo el Lago de Maracaibo. También anunció un operativo conjunto con Colombia que involucra a 15.000 soldados, además de la movilización de millones de milicianos.
Desde el chavismo se organizaron jornadas de alistamiento militar, mientras medios oficiales llaman a defender la patria ante “las agresiones imperiales”. Paralelamente, la opositora María Corina Machado intensificó su mensaje hacia Washington, insistiendo en que Maduro representa una amenaza para la región y que la salida democrática abrirá oportunidades de inversión.
Por su parte, Maduro se mostró respaldado por sus seguidores al clausurar el II Curso de Operaciones Especiales Revolucionarias, afirmando que existe una “fusión perfecta entre pueblo y Fuerza Armada” para defender la nación.
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