El futuro de Nicolás Maduro vuelve a encender el debate internacional ante el aumento de la presión de Estados Unidos, que elevó a 50 millones de dólares la recompensa por su captura, activó públicamente a la CIA en Caracas y mantiene fuerzas militares desplegadas en el Caribe. Mientras tanto, sectores políticos del continente analizan qué podría ocurrir con el mandatario venezolano.
En las últimas semanas, figuras neoconservadoras como Bret Stephens y Elliott Abrams han planteado abiertamente que Washington debería propiciar la salida directa de Maduro, comparando el escenario con casos como Manuel Noriega o Saddam Hussein.
Otros, como la canciller colombiana Rosa Yolanda Villavicencio Mapy, sugieren que una salida negociada “sería lo más sano”, siempre que existan garantías para evitar un posible encarcelamiento. No obstante, el Gobierno de Colombia aclaró que no promueve su renuncia ni intervención externa.
Maduro enfrenta un año especialmente complejo: su triunfo en las elecciones de 2024 fue desconocido por gran parte de la comunidad internacional, mientras Estados Unidos lo acusa de encabezar el llamado Cartel de los Soles, recientemente catalogado como organización terrorista.
Expertos consultados por CNN coinciden en que Maduro y su círculo difícilmente abandonen el poder voluntariamente sin garantías de inmunidad. Temen posibles extradiciones y creen que una transición solo sería viable si se asegura la permanencia del chavismo como fuerza política.
Desde la clandestinidad, la opositora María Corina Machado reciente ganadora del Nobel de la Paz asegura que el “tiempo de Maduro se acaba”. En respuesta, la vicepresidenta Delcy Rodríguez afirma que Venezuela vive “tiempos de definición histórica” y que el chavismo “no se rendirá”.
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