El fenómeno meteorológico de El Niño terminó de consolidarse de manera acelerada a nivel global tras una breve fase neutral registrada entre abril y mayo. La evolución del evento —catalogado por especialistas como un «superniño»— ha encendido las alarmas operativas en el país, previéndose una intensificación de las olas de calor entre finales de agosto y principios de septiembre.
En respuesta a la contingencia, el Ejecutivo nacional emitió un llamado al ahorro estricto de agua y energía eléctrica, activando un plan preventivo que contempla la incorporación de 4.800 megavatios a la red de generación termoeléctrica. La medida busca amortiguar el impacto derivado del descenso en los niveles de los embalses y el repunte en la demanda energética asociado a las altas temperaturas.
El diagnóstico oficial coincide con las proyecciones del meteorólogo Luis Vargas, asesor del sector agropecuario con 36 años de trayectoria, quien advirtió que las previsiones climáticas para el último trimestre apuntan a uno de los episodios más severos registrados desde 1950. De acuerdo con el especialista, la magnitud de la sequía y el incremento térmico proyectados para los próximos meses podrían superar los techos históricos fijados durante el ciclo 2015-2016.
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