Nicolás Maduro decidió romper el acuerdo de deportación con la administración de Donald Trump, lo que complica aún más los planes de deportación masiva de migrantes venezolanos que se encuentran en Estados Unidos. Esta decisión se produce tras la rescisión de la licencia de Chevron para operar en Venezuela, lo que ha llevado al gobierno venezolano a advertir que no aceptará más migrantes deportados.
El acuerdo, anunciado a principios de febrero, había permitido que el gobierno venezolano aceptara a decenas de miles de migrantes que habían huido de la crisis económica y la represión política en el país. Sin embargo, desde el 20 de febrero no se han realizado vuelos de deportación, y las señales de dificultades emergieron casi de inmediato. A pesar de que Maduro había aceptado regresar a unos 360 venezolanos, la ruptura del acuerdo ahora plantea serias dudas sobre el futuro de los migrantes en Estados Unidos.
La reciente decisión de Trump de dar a Chevron 30 días para cerrar sus operaciones en Venezuela está destinada a aumentar la presión económica sobre el régimen de Maduro, lo que podría resultar en un mayor éxodo de venezolanos. José Martínez, un contador en Caracas, expresó que «la gente en la calle lo va a sentir rápido», refiriéndose al impacto que tendrá esta medida en la ya frágil economía del país.
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Con aproximadamente ocho millones de venezolanos que han abandonado el país en los últimos años, esta ruptura en el acuerdo de deportación podría complicar aún más la situación migratoria. Los planes de Trump enfrentan desafíos legales y logísticos, y el cambio en la estrategia hacia Venezuela ha generado incertidumbre tanto en Washington como en Caracas sobre los próximos pasos a seguir.
Mientras tanto, la crisis humanitaria en Venezuela continúa empeorando, y la falta de una solución clara para la migración solo añade otra capa de complejidad a la situación política y económica del país.
Con información de The Wall Street Journal

