Claudia Macero y Magallí Meda, funcionarias del partido opositor Vente Venezuela, rompieron el silencio tras haber permanecido más de un año refugiadas en la embajada de Argentina en Caracas.
En entrevista con La Nación, contaron cómo fue su salida clandestina del país en la llamada “Operación Guacamaya” y relataron los abusos que vivieron durante el asedio del gobierno de Nicolás Maduro.
Ambas participaron en la organización opositora que documentó el presunto fraude electoral del 28 de julio de 2024, cuando, según sus datos, Edmundo González Urrutia ganó con casi el 70 % de los votos. “Ese día nos unió como nación”, dijo Meda.
Durante su encierro, vivieron sin agua, sin electricidad, bajo vigilancia y aisladas. “Una parte de mí está libre, pero otra sigue en prisión”, expresó Meda, al recordar a los más de 970 presos políticos en el país.
Macero, por su parte, habló del daño psicológico del encierro. “Salir no significa que todo vuelve a la normalidad. Aún sentimos culpa por quienes siguen detenidos”, dijo, mencionando a Gabriel González y Julio Balza.
Ambas destacaron que su salida fue posible gracias al apoyo de países como Argentina y Brasil, y por una fractura en el sistema represivo venezolano. “Ellos sabían que la embajada estaba custodiada, pero salimos. Eso revela fallas en su control”, señaló Meda.
La persecución aumentó tras su fuga. “Es una respuesta a la desobediencia cívica. Un país con miedo que aún resiste”, dijo Macero.
Sobre María Corina Machado, confirmaron que sigue en Venezuela. “Ella no se va. Tiene una estrategia clara”, afirmó Meda.
Aseguran que mientras Maduro permanezca en el poder, “nadie está a salvo”, ni dentro ni fuera del país.
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