Francia vive este miércoles una de sus jornadas más tensas de los últimos años con la protesta nacional “Bloqueemos todo”, que busca paralizar transportes, carreteras y servicios estratégicos en rechazo a las medidas de austeridad impulsadas por el ex primer ministro François Bayrou antes de su caída por moción de censura.
La movilización llega en un contexto de vacío político, mientras el presidente Emmanuel Macron intenta recomponer su gabinete con Sébastien Lecornu como nuevo jefe de Gobierno, el cuarto en menos de un año.
El Ministerio del Interior desplegó 80.000 policías y gendarmes, apoyados por helicópteros, drones y blindados, para contener los bloqueos. Las autoridades temen ataques a infraestructuras sensibles como refinerías, mercados de abastos y estaciones de tren.
En paralelo, un hallazgo inquietante sacudió París: cabezas de cerdo con el nombre de Macron aparecieron frente a varias mezquitas, hecho que las autoridades relacionan con un posible intento de desestabilización externa.
El transporte será uno de los sectores más golpeados. El metro y autobuses de París funcionarán casi con normalidad, pero se esperan interrupciones severas en trenes y vuelos reducidos hasta en 50 % en Niza y Córcega. También se prevén bloqueos en rotondas, carreteras, puertos y depósitos de combustible.
El movimiento, nacido en redes sociales, recuerda a los chalecos amarillos de 2018, aunque con un perfil más joven y de izquierda. Entre sus exigencias figuran jubilación a los 60 años, controles de alquileres, mayor inversión en sanidad y educación, y políticas ambientales.
La protesta de este 10 de septiembre será la antesala de un paro aún mayor previsto para el 18, convocado por sindicatos, que amenaza con paralizar hospitales, escuelas y farmacias.



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