Este domingo, el Papa Francisco hizo su primera aparición pública en el Vaticano desde su reciente hospitalización, en una emotiva misa jubilar especial dedicada a los enfermos y a los trabajadores de la salud, celebrada en la Plaza de San Pedro. A pesar de su convalecencia, el pontífice fue asistido en silla de ruedas hasta el altar, donde fue recibido con cálidos aplausos por miles de fieles que se congregaron para escuchar sus palabras.
Con una voz notablemente más fuerte que en su última aparición, el Papa saludó a la multitud con un “Buen domingo a todos” y expresó su agradecimiento por el cálido recibimiento. Su regreso se produce tras cinco semanas de hospitalización por una neumonía potencialmente mortal, y aunque ha seguido estrictas indicaciones médicas, le restan al menos seis semanas de reposo supervisado.
Durante la misa, el arzobispo Rino Fisichella, encargado de organizar el próximo Año Santo, leyó la homilía escrita por el Papa. En ella, Francisco compartió sus experiencias personales con la enfermedad, expresando humildad y empatía hacia los enfermos presentes. “En este momento de mi vida comparto muchas cosas: la experiencia de la enfermedad, el sentirme débil, depender de los demás para tantas cosas”, confesó, enfatizando que se debe aprender a amar y dejarse amar en tiempos difíciles.
El Papa también hizo un llamado a la sociedad para que no dé la espalda a quienes sufren, invitando a transformar el dolor en una oportunidad de crecimiento colectivo. “No excluyamos el dolor de nuestro entorno. Convirtámoslo, en cambio, en una oportunidad para crecer juntos, para cultivar la esperanza”, instó.
Además, Francisco dedicó palabras de aliento a los trabajadores de la salud, reconociendo su labor en condiciones a menudo adversas.
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