En un sorprendente giro de eventos, Nicolás Maduro fue declarado «Arquitecto de la Paz de Venezuela, de América Latina y del mundo» por la Sociedad Bolivariana de Venezuela, una organización afín al régimen que, por supuesto, no se anduvo con rodeos a la hora de rendirle homenaje.
Según Maduro, este título es un reconocimiento a su «labor incansable» por mantener la «estabilidad democrática» del país.
Lo curioso es que, aunque el título suena impresionante, no tiene ningún aval internacional ni se parece a esos premios de paz tan conocidos, como el Nobel, por ejemplo. En todo caso, parece que la paz que se celebra en Venezuela tiene un sabor único y exclusivo.
El acto, que fue ampliamente difundido en medios del oficialismo, contrasta las diferencias entre el reconocimiento oficial del régimen y el respaldo internacional que ha recibido la oposición en su búsqueda de una salida democrática a la crisis venezolana.
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