Desnutridos, desorientados y con el comportamiento alterado llegan decenas de animales salvajes rescatados del tráfico ilegal a la clínica veterinaria del Ministerio de Ambiente de Panamá, donde un equipo de especialistas los cuida con dedicación para devolverlos algún día a su verdadero hogar: la selva.
«La Clínica Veterinaria está encargada de la atención oportuna, con un equipo de médicos y biólogos, de la fauna silvestre nacional, no exóticos ni mascotas, para que se puedan garantizar sus servicios ecosistémicos y reinsertarse nuevamente a su medio para cumplir su función biológica», dice a EFE la directora médica de la clínica, Lissette Trejos.
Ubicada dentro del frondoso Parque Nacional Camino de Cruces, la clínica pública ha llegado a atender a más de 750 animales traficados, heridos, enfermos o con un comportamiento domesticado por haber resultado mascotas desde temprana edad, lo que dificulta la supervivencia en su hábitat natural.
En su interior, los aullidos de los monos se mezclan con el canto de los loros mientras que los felinos lucen sus afilados dientes. Todos están «hospitalizados», algunos ya pasaron por la sala de cirugía y otros ingieren medicamentos sobre una camilla plateada.
Otros, sin embargo, esperan a que su «situación legal» -por quedar traficados- se resuelva ya que es un proceso complejo. Las aves son los animales más usados para traficar mientras que los felinos y primates suelen ser «mascotas», según los expertos de la clínica.
EFE
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