La comunidad venezolana en Estados Unidos expresó un profundo sentimiento de traición y abandono tras la reciente decisión del gobierno de Donald Trump de revocar el Estatus de Protección Temporal (TPS) para venezolanos. Esta medida, que afecta a aproximadamente 350,000 migrantes, ha generado un clima de incertidumbre y temor ante posibles deportaciones.
Durante una conferencia de prensa en Doral, Florida, José Antonio Colina, presidente de la Organización de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (Veppex), enfatizó que «no todos los venezolanos somos del Tren de Aragua», en referencia a las afirmaciones del gobierno sobre la vinculación de los migrantes con grupos criminales. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, había declarado que muchos venezolanos que llegan a EE.UU. son asociados con esta red criminal, a pesar de que su número representa solo una pequeña fracción de la población venezolana en el país.
Los afectados han denunciado que estas decisiones políticas los dejan desamparados. «Se suponía que Trump nos ayudaría a salir del chavismo, no a negociar con ellos y deportarnos», expresó una inmigrante venezolana que prefirió no ser identificada. Muchos migrantes, como la manicurista González, han construido vidas y negocios en EE.UU. gracias a la protección del TPS, pero ahora enfrentan la posibilidad de ser deportados antes del 2 de abril.
Organizaciones de la comunidad están organizando acciones legales para intentar extender el TPS, argumentando que las condiciones en Venezuela han empeorado, lo que justifica la necesidad de continuar con este programa humanitario. Adelys Ferro, presidenta del Caucus Venezolano-Americano, aseguró que «no están solos» y que lucharán en los tribunales para defender sus derechos.
La situación ha generado un fuerte debate sobre la política migratoria de la administración Trump y su impacto en la vida de cientos de miles de venezolanos que buscan refugio y una nueva vida en Estados Unidos.

